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A raíz de mi curso en Aularagón me animé a crear una app que “… veía que mis alumnos tenían dificultades en .. y no existía una app .. que pudiera ayudarles…”

Hoy me he levantado y he visto cómo mi app de análisis morfológico de oraciones ya superaba la cifra de las dos mil descargas y esto en apenas unos meses. En la gráfica puede verse cómo las semanas previas a una evaluación las descargas aumentan vertiginosamente, lo que Google no muestra es el camino que hubo que hacer antes de que la app saliese a la luz.

Todo comienza a raíz de mi curso en Aularagón. Ya había realizado y sobre todo disfrutado los cursos tanto de Scratch como de mBot y supe que aprender a usar AppInventor debía ser el siguiente paso. Tal era mi impaciencia que, gracias a que algunos de los cursos tienen la opción de acceder como invitado, comencé antes de que se iniciara de forma oficial, y sí, encontré lo que estaba buscando: el punto de partida para poder elaborar aplicaciones que pudiesen ser útiles a los chicos de hoy en día.

No soy programador y tampoco soy maestro, no aún. Pero como estudiante de magisterio, mi vocación guía mis acciones en un sentido claro. Cuando en la asignatura de Didáctica de la Lengua se nos propuso el trabajo de realizar una unidad didáctica vi la oportunidad de hacer algo que fuese útil y donde pudiese aplicar mis recientemente adquiridos conocimientos. ¿Por qué no crear una app donde los alumnos pudiesen poner en práctica su destreza con el análisis morfológico? La potencialidad de esta herramienta te permite introducir cuantos elementos se te ocurran. La idea era introducir gamificación con un sistema de puntos, ajustar el nivel al alumno ya que tiene en cuenta los fallos y aciertos a la hora de aumentar la dificultad, e incluso algunos trofeos que siempre son un buen aliado.

Es cierto que fue un proceso más complicado de lo que había esperado pero ¿acaso hay aprendizaje sin reto?

Vuelvo a mirar las gráficas: las descargas se hacen a través de todos los países de habla hispana y pienso que tal vez esté ayudando a mejorar a un niño que desde argentina ha encontrado un recurso gratuito, y me doy cuenta de que aún hay mucho camino por delante. Debo mejorarla y actualizarla, es un deber.

Pero esto no habría sido posible sin Aularagón y su colaboración con ProgramoErgosum; sin el incentivo de Isabel Bielsa, profesora de Didáctica de la Lengua; sin Nuria Tregón y Carmen Montolio quienes me dieron la oportunidad de conocer el portal de catedu y si una profesora llamada María Sagasti quien me mostró por primera vez el programa de Scratch.

Diego Magallares López
Estudiante de magisterio y alumno en Aularagón